Los músicos de iglesia son los guardianes del sonido sagrado. Somos quienes podemos transformar un himno en oración y un canto solemne en testimonio. Sin embargo, durante demasiado tiempo se ha esperado que entreguen su alma sin recibir la cortesía profesional básica, el respeto ni la seguridad que merecen.
No somos un club social. Somos una liga de defensa mutua y de reivindicación de derechos. Estamos construyendo la infraestructura necesaria para que, al aceptar un puesto, sepan que cuentan con respaldo; para que, al rechazar la explotación, sepan que estamos a su lado; y para que, cuando se entreguen al máximo de sus capacidades o sacrifiquen su talento, tiempo y recursos, sepan que somos nosotros quienes más los apoyamos.
Únanse a nosotros, no solo por lo que ofrecemos o dejamos de ofrecer en este momento. Únanse para que la próxima generación de músicos de iglesia nunca más tenga que sentirse como ciudadanos de segunda clase. Únanse para reivindicar la dignidad de su vocación.